Quién me mandaría vaciarme a los latidos de su corazón...?
Tranquilos...acelerados. Haciéndome sentir que estoy viva, podría dormirme, incluso morirme, escuchándolos y mientras acariciándolo como hice aquellos días apacibles de calor.
Sigue funcionado, a pesar de todos los golpes que se llevaría el inocente corazón.
Me llena, y me hace llorar el hecho de sentirlos. No sé si es felicidad o incertidumbre este dolor en mi pecho...persistente cada vez que rozo su piel. Su piel...
Es imposible escapar del deseo.
Es más fuerte que yo y que mi escasa voluntad de evitarlo.
Sí, escucho como late, una y otra e infinitas veces más, está su corazón dolorido tan cerca de mi, y a la vez es imposible tenerlo más lejos...
Es simple e inevitablemente imposible seguir soñando despiertos como solíamos hacer.-

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