No, el cielo es mucho más.
Yo he conocido el cielo de muchas maneras...
Una de ellas es, aquella fábrica de dulces gotas de agua que, al caer veloces, han acariciado mi cara, mis manos, con delicadeza.
Es una fábrica de sueños, el cielo está lleno de magia, dónde sale el Sol y la Luna también.
Es el camino al país de Nunca Jamas...
Ahí arriba, dónde todo se ve, y a la vez nada.
Pero sobre todo, el cielo ha sido para mi, un susurro suyo al amanecer, ha sido una mirada cómplice, ha sido el roce de su piel.
Esa sensación de libertad, en cualquier situación, lugar o momento inimaginable que pasamos juntos...
Pero el cielo se va...se transforma en una pesadilla, y todo se vuelve tan oscuro que, no sabes que hacer, ni a dónde ir. Y lo peor, no puedes huir.
El cielo fue, es, y será siempre, una lágrima sincera, corriendo por el rostro alguien que llora, perdido en si mismo, y en ese frío que recorre su cuerpo al sentirse tan sola, y sin saber qué es realmente lo mejor.
Ella cierra los ojos, con los brazos abiertos y las palmas de las manos apuntando al cielo.
Ella simplemente deja que las gotas de lluvia se hagan parte de su llanto.
Así, se pregunta porqué la vida le ha cambiado el calor de sus abrazos, por el maldito frío.
Aunque realmente, su estado físico le da igual, puesto que es su interior el que más le duele, y la mata poco a poco, sin encontrar un final que la agrade.
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